El Cima es acreditado como Centro de Excelencia Severo Ochoa
El Cima Universidad de Navarra ha sido acreditado como Centro de Excelencia Severo Ochoa, el máximo reconocimiento a la investigación en España.

El cambio climático se ha convertido en uno de los principales desafíos para la agricultura a nivel global; y, por supuesto, también afecta enormemente al sector de la almendra.
El aumento de las temperaturas, la irregularidad de las lluvias y la mayor frecuencia de fenómenos extremos están alterando los ciclos naturales de los cultivos. En el caso del almendro, estos cambios tienen un impacto directo tanto en la floración como en los rendimientos finales de cada campaña.
La floración del almendro es un proceso especialmente sensible a las condiciones climáticas. El aumento de las temperaturas medias durante el invierno puede provocar floraciones adelantadas, lo que expone a las flores a un mayor riesgo frente a heladas tardías. Un episodio de frío intenso en un momento crítico puede reducir de forma significativa la producción, incluso cuando el árbol presenta una floración aparentemente abundante.
Además, la falta de horas de frío invernal —cada vez más habitual— puede generar floraciones irregulares, desiguales o incompletas, afectando al cuajado del fruto y a la homogeneidad de la cosecha.
Las alteraciones climáticas no solo afectan al momento de la floración, sino también al desarrollo del fruto. Periodos prolongados de sequía, olas de calor durante fases clave o lluvias intensas en momentos inadecuados pueden reducir el tamaño de la almendra, afectar a su llenado y disminuir los rendimientos por hectárea.
Las altas temperaturas registradas en los últimos años disminuyen drásticamente el oxígeno disponible en el agua de riego y de forma colateral en el suelo, lo que afecta muy negativamente al cultivo.
Además, el estrés hídrico y térmico debilita al árbol, haciéndolo más vulnerable a plagas y enfermedades, lo que añade nuevos retos a la gestión del cultivo y puede incrementar los costes de producción.
Ante este escenario, la adaptación se ha convertido en un elemento esencial para garantizar la viabilidad del almendro a largo plazo. La selección de variedades más resistentes, el ajuste de calendarios agrícolas, una gestión eficiente del riego y el cuidado del suelo son estrategias clave para mitigar los efectos del cambio climático.
Asimismo, el uso de técnicas agrícolas más sostenibles contribuye a mejorar la resiliencia de las explotaciones frente a condiciones adversas, favoreciendo un equilibrio entre productividad y respeto por el entorno.

En Manolet Almonds somos conscientes de que el cambio climático plantea nuevos desafíos, pero también impulsa la evolución hacia modelos agrícolas más responsables y preparados.
Comprender cómo afectan estos cambios a la floración y a los rendimientos es el primer paso para tomar decisiones informadas y seguir avanzando hacia una agricultura sostenible, capaz de adaptarse al presente sin comprometer el futuro del cultivo del almendro.