La agricultura regenerativa en el sector de la almendra
En los últimos años ha surgido un modelo que va más allá de la sostenibilidad en el sector de la almendra: la agricultura regenerativa.

La almendra se ha convertido en un ejemplo destacado de economía circular. Tradicionalmente, el grano comestible ha sido el protagonista del aprovechamiento industrial, pero en los últimos años la cáscara de la almendra han comenzado a ganar protagonismo en distintos sectores como un subproducto con un enorme potencial de reutilización.
Esta tendencia responde no solo a una necesidad de optimización económica, sino también a la necesidad de reducir residuos, minimizar la huella de carbono y adoptar prácticas de producción más sostenibles.
La cáscara representa una fracción importante del peso de la almendra. Su composición lignocelulósica la hace ideal para ser convertida en biomasa, ya que muchas instalaciones la usan como fuente de energía térmica reemplazando así los combustibles fósiles.
La cáscara de la almendra también se aprovecha con otras finalidades. Por ejemplo, como sustrato agrícola se suele emplear como lecho para animales, acolchado de suelos o en compostaje.
Por otro lado, dentro de la industria de materiales la cáscara de almendra triturada puede emplearse en aglomerados y aislantes ecológicos, además de como relleno en productos de construcción sostenible.

La piel de la almendra, también llamada tegumento, es una fuente importante de compuestos fenólicos, taninos y fibra. Durante mucho tiempo se descartaba como residuo, pero hoy se reconoce como un valioso ingrediente funcional.
Actualmente se incorpora en productos como harinas enriquecidas, barritas energéticas o suplementos alimenticios. También se investiga su uso como conservante natural en la industria alimentaria debido a su capacidad para inhibir la oxidación en grasas.
El aprovechamiento de la cáscara de la almendra representa una sinergia perfecta entre sostenibilidad, innovación y rentabilidad.
Utilizar las distintas partes de la almendra y los residuos generados en la producción, convirtiéndolos así en nuevas materias primas de valor, supone un paso adelante para la industria.